martes, 6 de septiembre de 2016

Crítica: La chica de al lado - The girl next door

Título: La chica de al lado - The girl next door
Año: 2007
Género: Drama - Terror
Duración: 91 min.
Director: Gregory M. Wilson
Guión: Daniel Farrands y Philip Nutman según la novela de Jack Ketchum
Música: Ryan Shore
Interpretes: Blythe Auffarth, Daniel Manchen, Blanche Baker, William Atherton, Madeline Taylor, Graham Patrick Martin, Grant Show, Catherine May Stewart, Benjamin Ross Kaplan
Nota: 4
Sinopsis: La llegada de Megan y su hermana a la casa de al lado supondrá un soplo de aire fresco para David. Pero cuando la familia de esta la torture salvajamente, el chico tendrá que replantearse su actitud con respecto a todo lo que está pasando.



Crítica:
En la magnífica ‘Im Keller’, Ulrich Sield exploraba de forma soberbia aquello que las personas hacen cuando se apagan las luces, todo aquello que la gente oculta, todas aquellas aficiones que en muchos casos es mejor que se queden ocultas entre cuatro paredes. La cinta dirigida por Gregory M. Wilson que adapta la novela de Jack Ketchum narra de forma ficcionada la terrible tortura y asesinato de Sylvia Marie Likens por parte de su familia de acogida con la complicidad de varios de los vecinos. Tras leer la novela ‘Bloodletters and badmen’ de Jay Robert Nash, Ketchum quedó profundamente impactado con lo que Nash contaba tanto por su brutalidad como por su sin sentido, llegando años después a escribir su propia versión del brutal crimen tomando ciertas licencias como cambiar el año en el que sucedieron los hechos trasladándolo de la década de los sesenta a los cincuenta, situándolo en New Jersey en lugar de Indianápolis cambiando los motivos por los que las hermanas acaban al cuidado de personas que no son sus padres (En el caso de la película y la novela por culpa de un accidente de tráfico lo que deriva también en que la causa de que la hermana menor esté impedida varíen y en el otro por culpa de la mala relación de los padres de estas) y por supuesto cambiando el nombre de las personas involucradas. Es claro que la intención de Sield se aleja radicalmente de lo mostrado por Wilson en su película o por Ketchum en su novela pero en los tres casos hay un punto en común realmente terrorífico: Es imposible conocer al vecino de al lado, los secretos se encuentran ocultos en el sótano fuera de la vista de la gente. En algunos casos esos secretos pueden ser livianos, en otros casos como el de la familia Baniszewsk absolutamente brutales. 
¿Puede una película que muestra con bastante fidelidad muchas de las escenas escritas en el libro en el que se basa romper el espíritu con el que este fue escrito? La respuesta es sí, y ‘La chica de al lado’ es uno de los ejemplos mas claros. Pero para hablar de la cinta del Wilson lo mejor es hacer unas consideraciones previas acerca del libro de Ketchum. Hace unos días leí que ‘La chica de al lado’ se consideraba como una de las novelas mas brutales y perturbadores que jamás se han escrito. Como suele ser habitual con este tipo de comentarios, esta idea no tiene porque ser compartida por todos los lectores pero hay que reconocer que varios de los pasajes escritos por Ketchum son realmente impactantes. Pero la obra del escritor norteamericano posee, al menos desde mi punto de vista, varios fallos que en su salto al largometraje no solo se han mantenido si no que además se han reforzado (Algo parecido a lo que sucede con la adaptación de la novela ‘Cell’ de Stephen King pero en el caso de ‘La chica de al lado’ sin que el propio escritor haya sido el encargado de escribir el guión de la película, algo que hace que el caso de ‘Cell’ resulte todavía mas triste y decepcionante)
Según palabras del propio escritor, este usó la narración en primera persona por un claro motivo: ‘Centrar las simpatías del lector hacía las personas que son objeto de la violencia’. Tras esta aparente buena intención (Empatizar con aquellos que están siendo objeto de brutales torturas) se encuentran otros dos motivos El primero de ellos sirve para hacer que ciertos fragmentos de la historia resulten mucho mas digeribles para el lector (Situar al narrador como una persona que observa los hechos y no como quien sufre directamente la violencia en su cuerpo evita la dolorosa narración de alguno de esos momentos, algo que se puede apreciar en la novela de Ketchum cuando David recordando lo que vivió dice: ‘No voy a contaros eso. Me niego’). El segundo de ellos sirve para que al escritor le sea más fácil hacer avanzar su historia, para hacer que esta no profundice demasiado en ciertos detalles y sobre todo para no tener que justificar como se pasa de la tortura psicológica y el maltrato físico que sufre la protagonista a tenerla atada y  amordazada en el sótano. Por mucho que Ketchum muestre a la chica hablar con la policía, por mucho que este muestre la resistencia de Megan y por mucho que este muestre el proceso de degradación moral que sufre la familia y la creciente atmósfera de violencia hacia la chica, el lector puede sentir que se ha producido un salto cuantitativo en todo aquello que está sufriendo Megan sin acabar de entender muy bien porqué. La idea de presentar a ese personaje principal, a ese narrador que vive al lado de la casa donde suceden los hechos es la mejor excusa para no narrar ciertas escenas, para no explicar como evolucionan ciertos personajes ya que este no está las veinticuatro horas del día con ellos. No, la idea de usar un narrador no es solo para hacer que el lector empatice con Megan y Susan si no también para que a Ketchum le sea más fácil construir ciertas partes de su novela.
Daniel Farrands y Phillip Ntuman se encargan de la adaptación de la obra de Ketchum y aunque estos se mantienen fieles a muchas de las escenas de la novela, a muchos de los diálogos y situaciones de la misma, se producen varios y sutiles cambios que rompen radicalmente con aquello que el escritor cuenta. No solo la forma escogida por estos y por Wilson para plasmar el ‘juego’ con el que se divierten los críos no muestra la crueldad, el sadismo y el claro componente sexual del mismo, algo que luego será utilizado mas adelante, si no que también la composición de la parte final de la película (En lo que se refiere al destino de Megan y al epilogo que cierra la película) que busca emocionar al espectador hace que nos planteemos la siguiente reflexión: Si la idea de Ketchum para utilizar a un narrador era que el lector empatizara con las chicas, el hecho de alterar ciertos pero sutiles detalles y mostrar, por ejemplo, el reflejo de la chica en el agua, ¿no demuestra que los guionistas y el director no han conseguido lo que Ketchum quería, que estos han fracasado a la hora de transmitir ciertos sentimientos, al hacer que empalicemos con Susan y Megan?
La idea de la incapacidad de Wilson para hacer que los sentimientos traspasen la pantalla tiene un claro motivo: Las muy lamentables actuaciones de alguno de los protagonistas, incapaces no ya de transmitir algo si no de hacer creer al espectador que no tiene ni idea de que está haciendo en una película como esa, en lo que es sin duda alguna un tremendo fallo en lo que a la dirección de actores se refiere. Basta ver a Madeline Taylor que interpreta a Susan, la hermana de Megan, y las reacciones de esta cuando están torturando a su hermana o a Blanche Baker, la matriarca de la familia que tiene el papel mas jugoso de toda la película y que acaba por resultar exasperante y sobreactuado. Tampoco debemos dejar pasar por alto que la forma elegida por Wilson para mostrar en pantalla la estética de los años cincuenta es mas propia de un telefime de bajo coste lo que resta credibilidad al conjunto. Tomando como base el asesinato de Sylvia Marie Likens, Jack Ketchum escribió una interesante pero floja novela para que después Gregory M. Wilson rodara un simple telefilme.
Pero hay un gran detalle que diferencia a la novela de Ketchum de la película de Wilson y ese no es otro que haber dejado de lado la ambigüedad moral que el escritor muestra usando para ello al personaje de David y su evolución con respecto a todo aquello que están sufriendo Megan y su hermana (‘Si el libro posee cierta ambigüedad moral, cierta tensión moral, es lo que pretendía’). La inicial fascinación que parece sentir este (y el resto de los chicos) ante la sensación de poder que tienen él y sus amigos (‘Esa sensación de poder. No se me ocurrió pensar que solo era un poder que Ruth me daba, y, posiblemente, solo de forma temporal. En ese momento, era suficientemente real’) desaparece en el salto de la novela a la pantalla grande. Por mucho que el protagonista de la película observe todo aquello que están sufriendo Megan y su hermana, este se muestra casi desde el primer momento horrorizado por lo que el espectador es posible que no acabe entendiendo porqué no da la voz de alarma. (En la novela de Ketchum tras la sensación de poder que David siente, este se acaba por dar cuenta de la brutalidad de lo que está pasando. El hecho de haber sido parte activa de las torturas sirve para justificar su miedo a que lo que le está ocurriendo a Megan y Susan salga a la luz y busque otras maneras de ayudar a las chicas)
‘La chica de al lado’ es una decepcionante película que no consigue transmitir la fascinación del protagonista por Megan y donde la angustia que siente el espectador no es debido a lo que ve si no debido a pensar de que la película está basada en un caso real. Su estética impostada, su pésima dirección de los actores hacen que la poco mas de hora y media que dura está película acabe resultando pesada y soporífera, tanto que pensar enfrentarse a ‘An american crime’ de Tommy O'Haver produce una increíble pereza. A la cinta de Wilson le ocurre como a la adaptación de ‘La quinta ola’ ('The 5th wave'), los guionistas han querido mostrar muchas partes de la novela (Con sus oportunas y necesarias licencias, claro) dejando la sensación en el espectador de que se ha pasado muy rápido por algunos fragmentos y momentos como si estos hubieran querido abarcar mucho y no llegar a nada.


Lo mejor: Igual que ocurría con ‘Cell’, este es un perfecto resumen de cómo no adaptar una novela. Que sirva de ejemplo.
Lo peor: La pésima dirección de los actores.